El destino de todo texto

El destino de todo texto
G.K. Chesterton

sábado, 2 de junio de 2018

Quise

Quise los días largos y las risas,
las prolongadas sobremesas y las historias.
Por tuve el silencio de mi silla,
la mirada única del deslucido tarro
y la voz de estertores y radios lejanos.

Quise la hora en que las colinas y la bruma se encuentran con la noche, las sombras largas de ciudades que no conozco
y la brisa inesperada.
Pero tuve las calles, el sudor intonso de la tarde y la garganta agria de los días de sol picante,
el mugre en torbellinos que se hace barro con el agua
y juega a quedarse en este mundo.

Quise las ciudades en la distancia y el olvido de las luces titilantes que acompañan los viajes y la deslealtad.
Pero tuve el albor gris que no parece callarse,
la presencia desmedida en la que nadie olvida y ningún lugar es solitario.

Quise la extensión y la llanura,
el horizonte sobre el que se tienden las Pléyades en la noche,
el augurio y el frío.
Pero tuve el hervor del tumulto y la voz que grita desde la calle y reclama a diario la botella y el papel, las cosas quemadas y las olvidadas.

Quise los remolinos y el suave temblor pavoroso del zarpar y del mar.
Pero tuve el bullicio y la estrategia, el cuidado y el saludo que no perdona.

Soñé contigo en ese pequeño patio,
que te llegarían los años con la melisa y la verbena
y pasos sosegados,
que nos olvidaríamos lo que éramos el uno para el otro,
que las palabras entre los dos penderían como murmullos
o sobrarían como el asombro.

Pero tuve tu silencio y la distancia,
una que tenía tu nombre,
tu olvido de piedra
en medio de este remolino estático en el que todo parece fechado,
que poco a poco me alcanza y me rodea,
moviéndose por su cuenta, cercándome,
y que ahora me hace inevitable pensar
que todo lo que quise
ya me había sido dado y al tiempo arrebatado
la primera vez que pronuncié tu nombre.

1 comentario:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar