El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

lunes, 6 de julio de 2015

¿Es correcto desarrollar una erección en un funeral?

No pensé que el lapso de una vida fuese suficiente para ver nacer una tradición china. Pero una nueva se ha gestado...tan rápido que por poco no nos damos cuenta. Por alguna razón que escapa a la comprensión –como sucede en toda tradición respetable-, los chinos acaban de decidir que la mejor manera de despedir a sus muertos es con desnudistas. No se trata de ninguna figura poética, ni de una dicción de mal gusto; entre los chinos se ha convertido en moda contratar "bailarinas exóticas" para animar entierros con la esperanza de encaminar la suerte del ser amado en el más allá. ¿De qué diablos vengo hablando? Dice el medio noticioso www.salon.com:
“En abril de 2015, el Ministerio de Cultura de China emitió un comunicado anunciando una persecución policial a las apariciones de desnudistas en funerales, costumbre que el gobiernos ha estado tratando de erradicar por algún tiempo. De acuerdo con el Wall Street Journal, a las desnudistas por lo general se les contrata con el propósito de atraer a más gente a los sepelios con el fin de aumentar la buena fortuna del occiso en el más allá.”
Como con tantos inventos occidentales, Oriente ha tomado a la desnudista y la ha llevado a un nivel insospechado. La estrategia, hay que admitirlo, se nos había escapado. Nosotros de manera reduccionista habíamos limitado la esfera de acción de la danzarina erótica al bar stripper; la asociamos al sucio sentimiento del deseo lascivo. Los chinos, en cambio, no vieron esa contención: la bailarina brinda felicidad, sea donde sea. Incluso cuando la muerte nos acongoja. Vaya uno a saber por qué no se le había ocurrido a la Iglesia Católica en los vastos subterfugios en donde el rebaño pierde la fe, o asiste a misa roñoso por la cruda; a los senadores en las bancadas del Senado; a los jueces en los estrados en donde el reo decide ser ausente: ¡llevemos una maldita desnudista!, cénit del gancho, cúspide del atractivo, atavío de la libertad para hacer aquello que uno en realidad no quiere hacer y asistir a lo que uno no quiere asistir. 
Sigue Salon: “Fotos de un funeral en Handan en la provincia norteña de Hebei en marzo del 2015 mostraban a una bailarina mientras se removía el brasier ante una muchedumbre de parientes y niños de la familia“
Ahora se las ve merodeando por las casas funerarias proponiendo su espectáculo. Pero el gobierno no sabe como quitarse de encima esta libertad. Con hasta veinte presentaciones al mes, a un promedio de 320 dólares el despido, unos 2000 Yuan, la muerte se ha convertido en un negocio muy picante.
Una bella -aunque no milenaria- tradición china
Es curiosa la costumbre…su hipóstasis, su desmesura. El dinero no es la única fuente de perplejidad. Si en Norteamérica se ponen de moda las alitas de pollo, el resto del mundo consumirá de pavo creyendo que con ello es más libre. Vivimos en un mundo que todo lo puede hacerse mas, pero nunca en menor escala. Por el sutil arte de la sutileza hay que cantar un réquiem especialmente pudoroso porque descansa sin paz. Hace mucho tiempo cuando mi madre me explicó que en algunos funerales contrataban personas para llorar se me hizo incomprensible…y ahora esto, regresar al punto “0”. Porque entre todas las cosas del mundo que se le pudieran a uno ocurrir para dejar descender sobre la morada del amado el descanso final, mariachis, celulares encendidos…entre todas las que se pueden asociar a la parca, una estriptisera tiene que ser la más inadecuada.
La muerte de David Carradine cuando sucumbió masturbándose amarrado del cuello en el armario de un hotel en Bangkok ya había sugerido una colusión insospechada entre el Kung-fu de la China milenaria y el sexo sucio. Pero se trataba de Carradine…no sospechamos que llegaría hasta el chino promedio, el buen Wei…el occiso, el hombre que sonreía como el mismo Buda y cuyo vientre colgaba de manera semejante a un puente de bambú. No sólo se piense en el muerto, considérese la suerte del pequeño Feng quien por primera vez ve una teta en el funeral del abuelo que le enseñó a jugar mahjong. El mundo contemporáneo es más difícil de poner junto que de entender. ¿Cómo diablos este acto desmedido lo ha purificado o le ha dado paz al difunto? Las preguntas proliferan y se vuelven complejas: ¿Es correcto desarrollar lentamente una erección en un funeral? ¿A la bailarina exótica la viuda ha de ofrecerle comida luego de la función? ¿Si la stipper se involucra y llora, es ello una señal de compromiso y profesionalismo o puede disminuir la moral sexual de los asistentes afectando gravemente el destino del muerto en el más allá?


Siempre es posible tratar demasiado duro de ser occidental. Pero no es tarea sencilla; se está expuesto a hacer demasiado o muy poco de lo que hace que un acto sea libre. ¡Qué difícil es adoptar la fe del desleal! He ahí el principal quiasmo de la vida sencilla cuya dificultad no estriba en saber si la felicidad es nuestro deseo más íntimo…sino qué diablos es lo que nos da felicidad. Y cuándo es el momento correcto de proporcionárnosla. 

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