El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

lunes, 17 de febrero de 2014

Un Problema de Física en la Noche

(un retrato de Japón, 1990)
Dos locomotoras viajan la una hacia la otra. No van en el mismo carril, pero no saben que se acercan hasta que sus silbatos rompen la oscuridad prístina de la noche. Se acerca a gran velocidad, el frío ha dejado el aire como un cristal. A medida que se acercan se oyen más y más silbatos de lado y lado. Si un observador se parara en la noche invernal con la luz de la Luna iluminando la escena,  por un momento podría tener la impresión de que su encuentro es una colisión. Pero los trenes no se tocan. El aire que ha quedado atrapado entre las dos se ve succionado por el frenético movimiento contiguo y hace que las paredes se expandan; al fin puedo meter mi brazo cómodamente entre la silla y el linimento color pastel de la piel del vagón. Tomo conciencia rápidamente de la estupidez de lo que hago; en instantes el vacío se habrá detenido de repente y todo volverá a la normalidad. 

Unos puestos más adelante un mesero que se esfuerza por ser servicial le sirve un agua embotellada a una turista europea que no interrumpe su lectura de un periódica de la mañana y todo en el vagón parece ignorar lo que afuera sucede. Volteo a mirar por la ventana y veo el Monte Fuji que se yergue desafiando la últimas luces del día que muere. Recuerdo un Haikú sobre la noche, no lo puedo evocar perfectamente, pero en mi recuerdo dice algo así:

                                    

                                 La noche                                  
                                                          Roza mi cuello
La tengo atada


Los dos trenes han dejado de estar lado a lado. Oigo el silbido furioso del otro tren alejarse en la distancia. El espacio entre mi silla y la pared se ha encogido dramáticamente; el Monte Fuji a la distancia también.

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