El destino de todo texto

El destino de todo texto
G.K. Chesterton

domingo, 27 de febrero de 2011

Algunas piezas sueltas sobre el complejo fenómeno de la estupidez...

Si la estupidez doliera

Hay un gesto que sé hacer, pero que nunca he podido describir. Yo lo llamo ‘la sonrisa del subdesarrollo’. Tiene la misa relación con la estupidez que el agua estancada con el zancudo anofeles: es su más molesto efecto. Puedo, eso sí, contar cuándo se aprecia en todo su esplendor: llevamos quince horas en un derrumbe. Las máquinas finalmente abren un camino tortuoso y precario para el paso de un solo carro a la vez. Un avispado en un Reanault 18 que sirve más para transportar herpos que humanos se cuela en una fila que todos han venido observando como las cuentas en un rosario. Esa sonrisa con la que pasan los niños y la señora de ese Renault 18, esa mueca lateral, el guiño inane, el rictus de confusión y triunfalismo, eso es la sonrisa del subdesarrollo. Se usa para celebrar tener el mejor puesto, pero en doña Juana; para salir de primeras a ganarse un mostrario de tapetes, al colarse para una muestra gratis de medicina anticonvulsiva.


Vamos en un carro sin control a doscientos kilómetros por hora y discutimos sobre la silla asignada. Si empieza a estrellarse, se desarrollan extraordinarias tecnologías para amortiguar los impactos, pero nunca nunca se bajará la velocidad. En enero del 2011 el mundo conoció la noticia de los jóvenes ingleses que beben vodka por los ojos a pico de botella dejando que el alcohol se cuele por el lagrimal y el tejido, lo cual no solo no hace llegar prácticamente ningún líquido a la garganta, sino que destruye la córnea causando ceguera. Si se quiere quedar ciego a causa de la bebida, hubiera bastado comprar alcohol adulterado en navidad. Hace unos días a un amigo le exigieron que se afiliara a un sistema de salud que implicaba llenar un formulario complejo. Preguntaba entre otras cosas si usaba oxígeno, a lo cual respondió que lo hacía desde el nacimiento. Se había vuelto adicto a ese 20,946% que viene mezclado con el nitrógeno. Preguntaba: ¿Ha tenido Sida? Permítanme de nuevo ese tiempo verbal: ¿Ha tenido? Pero ahora me siento de maravilla. Le negaron la afiliación. En 1943 The New Yorker registró el caso de un hombre que se suicidó a la mitad de un formulario para una compañía médica. En letra trémula abandona las preguntas y anota... me estoy enloqueciendo, justo antes de pegarse un tiro.

Abro un periódico y leo esto:

Agencia Reuters

jueves 20 de enero de 2011 09:49 CET

MIAMI (Reuters) - Unos ladrones inhalaron los restos cremados de un hombre y dos perros creyendo erróneamente que habían robado drogas ilegales. [...]

Las cenizas fueron robadas el 15 de diciembre de la casa de una mujer en la localidad de Silver Springs Shores, en el centro de Florida. Los ladrones se llevaron una urna con los restos de su padre y otro contenedor con las cenizas de sus dos perros raza Gran Danés...

[...] Los sospechosos confundieron las cenizas con cocaína o heroína. Pronto descubrimos que los sospechosos inhalaron parte de las cenizas creyendo que estaban inhalando cocaína", dice el informe del sheriff

Cuando se dieron cuenta de su error, los sospechosos se plantearon devolver las restantes, pero decidieron lanzarlas a un lago

[…] Buzos de la policía estaban intentando recuperar las cenizas.

Y vaya uno a saber si las estaban buscando porque pensaron: Caramba, ¡se podían inhalar!

En Manizales hace poco, un pastor que fundó una iglesia en su garaje con nombre de musical infantil ‘Nisi’, convenció a sus feligreses que necesitaba una avioneta para estar más cerca de Dios y oh sorpresa, como en los musicales de los niños, cerró los ojos y taconeó -deseando no tanto estar en Kansas como en una Cessna-, hasta que la obtuvo. El mundo está lleno de magia. Me imagino que cuando quiera estar más cerca del diablo les pedirá un pozo petrolero. El 12 de abril del 2001 una turba enfurecida mató a un grupo de misionaros evangélicos de la Hermandad de la Cruz que hacían una cruzada internacional predicando de puerta en puerta en las ciudades más pobres de Nigeria cuando un hombre al mirarse en los pantalones no se vio el pene y gritó que los extranjeros se lo habían robado. La histeria colectiva se esparció como fuego en las praderas al punto que varones de todo el territorio empezaron a llamar a la policía reportando que no encontraban su ‘mojo’. Ya Marraneo se lo había hecho a Austin Powers. Pero los africanos ya no sostienen estas absurdas creencias: The Economist publicó hace poco un artículo en el que parece que el culpable era un gato fantasma que ahora ronda por Kenya y que ataca a los hombres en sus sueños, privándolos de los órganos del placer. Es duro admitir que la borrachera con la moza fue tan severa que uno no se dio cuenta de que la silueta que se divisaba en la puerta de la casa era la de la esposa con un cuchillo de matarife en la mano.

Pero bueno, traguémonos ese sapo: hay gente que ha vivido sin oxigeno y las compañías de salud los prefieren, un avioncito nos permite hacerle cosquillas a los pies de Dios, los misioneros evangélicos se van al África a conseguir un miembro grande de verdad. Lo grave es que la estupidez se funde con el mal, y gravita hacia él. Platón advertía en La República, ese libro que nadie se terminó en filosofía del colegio, que la maldad es en el fondo estupidez, y para sorpresa de todos, la estupidez en el fondo es maldad. En Barrancabermeja un grupo de piratas terrestres amenazó en el 2010 a transportadores diciendo que los iban a extorsionar si no les daban dinero:

-Bien mi amigo, si no me das ese dinero te extorsiono.

-No, no, llévenselo todo, pero no nos extorsionen, noooooo

Tal vez debamos tirar unos ejemplares de Extorsión para Dummies. Uno de los mayores problemas de los desalojos en las zonas de alto riesgo de derrumbe es que cuando logran sacar a la gente, llega otra, arrendatarios de los anteriores: que se maten ellos...

He estudiado con curiosidad cómo la estupidez ha llegado a las clases sociales en ascenso donde se ha convertido en un problema de salud pública que ya no afecta solo a los más desprotegidos. La ex-presentadora Adriana Arango vivía con un tipo que se llama simplemente Javier Coy. Coy: simple, tres letras. No les iba mal –la Federación de Cafeteros les había otorgado una licencia de exportación de Café-; pero un día Coy llega a casa con una idea genialmente avispada: pedir plata a todos los amigos y no devolverla. Así, sin más. Tal vez esbozó la sonrisa del subdesarrollo cuando la concibió. Pero la estupidez es más difícil de disimular que el enanismo. Cinco años, trescientos estafados, trece embargos, y dieciocho denuncias penales más tarde estos dos habitantes de un conjunto cerrado en cedritos, intentan habitar una celdita cerrada en una prisión. Abogo porque dejemos la estafa en manos de profesionales, no de la clase media ascendente. No defiendo el delito, pero con todo mi ser deploro la estupidez criminal. Pedir y no devolver no es un plan, a menos que involucre Suiza. Lo patético es que debe haber sido largamente premeditado. No pido una estratagema al estilo de películas como ‘Robo al Tren del Dinero’ con Sean Connery y George Clooney, en donde la sustracción se planea durante meses entre un tipo al que no le queda grande ninguna caja fuerte, un estafador profesional de Mónaco y un ex policía irlandés. Pido una trama mínima para que el hombre decente pueda coger un periódico en la mañana y maravillarse de la pugnacidad del acto ilegal. Y que nos ahorremos la sonrisa del subdesarrollo.

Roberto Palacio F.

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