El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

martes, 3 de diciembre de 2013

La Fina

Durante toda mi vida de adolescente y de adulto escuché el comercial de La Fina, la margarina, la preferida en la mesa y cocina, con tostadas, con galletas o con pan. Se repitió al infinito, el mensaje no solo nos llegó, se hizo una voz interior que tal vez airee en el momento de la muerte de cada colombiano cuando la vida se nos escape, una canción pegada que para algunos será la eternidad, inoportuna, como una de las moscas de Manzur.


Cuando cayó el Space-Lab del cielo en 1993, los receptores del aparato se activaron con el golpe y el comercial de La Fina sonó mientras se hundía en el lejano pacífico solitario; cuando se hizo el primer ensayo antes de la detonación de la bomba atómica similar a la de Nagasaki en Alamogordo, Oppenheimer relata que mientras el conteo regresivo restaba segundos, no se pudo apagar un receptor que transmitía la suite del Cascanueces de Tchaikovski que sonó durante la explosión: pero sostengo que en realidad era el comercial de la Fina. Cuando se hundió el Titanic, entre los restos sólo encontraron un viejo radio de tubos que flotaba en las aguas y se dice que emitía ininterrumpidamente el comercial de la Fina en el inglés de la Reina: “The Fine, the preferred on the table and with wine, The Fine everybody likes it instead, with toast, cookies or with bread…”. Fue preciso azotar el radio con unos remos para que se silenciara…dicen algunos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario